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Burritos mexicanos: ¿qué llevan y cómo comerlos?

Burritos mexicanos: ¿qué llevan y cómo comerlos?

¿Sabes qué? La primera vez que probé un os burritos mexicanos «auténtico» en España casi me da un infarto. Aquello era más grande que mi cabeza. Y luego descubrí que en México los burritos son completamente diferentes a lo que creía. Vaya sorpresa.

Resulta que llevamos décadas comiendo burritos de una forma que haría llorar a cualquier mexicano del norte. Porque sí, los burritos no son de todo México – son específicamente de la frontera norte. ¿Te suena raro? Pues espera a saber cómo se comen realmente.

El burrito mexicano auténtico es un arte que merece respeto. No es solo echar cosas en una tortilla y enrollar como si fuera un bocadillo gigante. Tiene sus reglas. Sus ingredientes específicos. Su técnica.

La geografía del burrito: ¿por qué tu mexicano favorito miente?

Los burritos vienen de Chihuahua. Punto. 

Nada de Guadalajara, nada de Ciudad de México. Si vas al sur de México y pides un burrito, te van a mirar como si hubieras pedido paella en un asador argentino. Es cosa del norte, específicamente de los estados fronterizos con Estados Unidos: Chihuahua, Sonora, Baja California.

¿Por qué esta confusión geográfica? Porque muchos restaurantes «mexicanos» en España son regentados por personas que no necesariamente conocen todas las tradiciones regionales de México. Es como si yo abriera un restaurante español en México y sirviera gazpacho andaluz diciendo que es típico de Galicia. Un disparate.

Los burritos nacieron como comida de trabajadores en las minas y ranchos del norte de México. Necesitaban algo portátil, nutritivo y que se mantuviera caliente. La tortilla de harina – más resistente que la de maíz – era perfecta para envolver el guiso del día anterior. 

En Chihuahua específicamente, los burritos se llamaban originalmente «tacos de harina» hasta mediados del siglo XX. El nombre «burrito» (que significa «burrito pequeño») tiene varias teorias de origen, pero la más aceptada es que viene de las alforjas que usaban los burros para cargar mercancía. Similar forma, ¿no?

Pero aquí viene lo interesante: los burritos que conocemos en Europa tienen más influencia de la cocina tex-mex (frontera Estados Unidos-México) que de la mexicana pura. Los burritos californianos gigantes que pesan medio kilo no existen en México tradicional. Son una evolución estadounidense.

Un burrito mexicano auténtico mide entre 15-20 centímetros máximo. Cabe en una mano. Se puede comer mientras caminas o trabajas. Los monstruos de 30 centímetros rellenos de arroz, lechuga iceberg y crema agria son invención gringa.

¿Significa esto que están mal? No necesariamente. Pero si quieres probar un burrito como los que se comen en México, busca los pequeños, simples y con pocos ingredientes. En Madrid, por ejemplo, hay algunos lugares que sí respetan la tradición norteña mexicana.

Los ingredientes que SÍ van (y los que te están timando)

Vamos al grano. Un burrito mexicano tradicional lleva tortilla de harina, un guisado principal, frijoles y salsa. Eso es todo.

«¿Solo eso?», te preguntarás. Exacto.

La tortilla debe ser de harina, nunca de maíz. Las de maíz se rompen al enrollar y son para tacos, no para burritos. Una buena tortilla de harina es suave, flexible y tiene un sabor ligeramente dulce. Se hace con harina de trigo, manteca (o aceite), sal y agua caliente. Punto.

El relleno principal suele ser carne deshebrada – res, cerdo o pollo – cocinada con cebolla, tomate y chiles. Los guisados más tradicionales son: machaca (carne seca rehidratada), chicharrón prensado, chorizo con huevo, o simplemente carne guisada del día anterior.

Los frijoles van refritos, cremosos, como una pasta que une todos los sabores. No frijoles enteros nadando en su propio caldo. Eso es otra comida completamente diferente.

¿Y la salsa? Aquí es donde la cosa se pone seria. Salsa verde con tomatillo y chile serrano, o salsa roja con chile guajillo. Nada de pico de gallo chunky con trocitos de tomate y cebolla cruda. Eso va en los tacos, no en los burritos.

Ahora, lo que NO va en un burrito tradicional mexicano: arroz (eso es invención californiana), lechuga iceberg, crema agria, queso cheddar rallado, maíz dulce, tomate en dados, aguacate en trozos grandes.

Ojo, no digo que estos ingredientes estén mal. Los burritos de estilo californiano pueden estar deliciosos. Pero no son mexicanos tradicionales. Es como comparar una pizza napolitana con una pizza con piña – ambas pueden estar ricas, pero una es tradicional italiana y la otra es otra cosa completamente diferente.

En algunas regiones del norte de México sí se añade queso, pero queso fresco mexicano (tipo panela o Oaxaca), nunca cheddar procesado. Y siempre en poca cantidad, como acompañante, no como protagonista.

El arte de enrollar: técnica que cambia todo

Aquí es donde el 90% de la gente la caga. Perdón por la expresión, pero es verdad.

¿Has visto esos videos donde enrollan el burrito como si fuera un regalo de Navidad? Doblando las esquinas con precisión milimétrica hasta crear un cilindro perfecto herméticamente cerrado. Pues eso no es mexicano.

El enrollado tradicional mexicano es mucho más simple y, paradójicamente, más difícil de dominar. Se llama «enrollado abierto» y consiste en doblar la tortilla por un lado, meter los ingredientes, y enrollar dejando los extremos abiertos. Como un taco gigante enrollado.

¿Por qué abierto? Porque así el relleno respira, no se compacta, y puedes ir comiendo de forma natural. Los burritos herméticamente cerrados crean una bomba de vapor que hace que todos los sabores se mezclen en una pasta uniforme. Pierdes los matices.

La técnica correcta: calienta la tortilla en comal (o sartén) hasta que esté flexible pero no tostada. Pon el relleno en el tercio inferior de la tortilla, dejando espacio en los bordes. Dobla la parte de abajo sobre el relleno, presiona ligeramente, y enrolla hacia arriba manteniendo cierta tensión pero sin apretar como si fuera un tubo de pasta de dientes.

Los extremos quedan abiertos, sí. Y no pasa nada si se sale algo de relleno. Forma parte de la experiencia. De hecho, un burrito que no gotea un poco no está bien hecho – significa que le falta jugosidad al guiso.

En Sonora tienen una variante donde sí cierran uno de los extremos, pero lo hacen doblando la esquina de la tortilla hacia adentro antes de enrollar. No es el método californiano de doblar como sobre de carta.

Otro truco que no te enseña nadie: la tortilla debe estar ligeramente húmeda en la superficie que va a tocar el relleno. No empapada, solo un poco húmeda. Esto hace que se adhiera mejor al relleno y evita que se desenrolle mientras comes.

Y por favor, nada de papel de aluminio alrededor del burrito. Eso es para transportar, no para comer. Un burrito se come recién hecho, caliente, con las manos, y aceptando que te vas a manchar un poco los dedos. Es parte del ritual.

¿Cómo comerlo sin hacer el ridículo?

Te voy a contar un secreto: la primera vez que comí un burrito «bien» fue en un puesto callejero de Tijuana. El vendedor me vio luchar con el burrito como si fuera una mazorca de maíz y me dijo: «Oye, güero, así no se come». Me enseñó. Cambió mi vida culinaria.

Los burritos mexicanos se comen con las dos manos, siempre. Una mano sostiene la base (la parte cerrada del enrollado) y la otra guía desde arriba. Nunca intentes comerlo como un bocadillo, porque no funciona así.

El primer bocado es desde la punta abierta. Muerdes en diagonal, no recto. ¿Por qué? Porque así consigues una proporción equilibrada de todos los ingredientes en cada bocado. Si muerdes recto, en el primer bocado solo comes tortilla.

Mientras comes, vas girando el burrito ligeramente entre bocados. Esto distribuye el relleno y evita que se acumule todo en un lado. Es como comer una manzana – vas girando naturalmente.

¿Se te cae relleno? Perfecto. Eso significa que está bien jugoso. En México, el relleno que se cae se come con tortilla chips o simplemente con tenedor. Nada de intentar meter todo otra vez dentro del burrito como si fueras un cirujano.

Existe un orden lógico para comer: primero la mitad desde la punta abierta, luego das la vuelta al burrito y comes desde el otro extremo abierto hacia el centro. Así terminas en la parte más gruesa (donde hay más relleno) cuando ya has practicado con las partes más fáciles.

En algunos lugares del norte de México es común pedir «rajas» junto con el burrito – tiras de chiles jalapeños encurtidos. Se comen entre bocados para limpiar el paladar. No dentro del burrito.

Y aquí viene algo que sorprende a muchos europeos: los burritos mexicanos tradicionales no se comen con cubiertos. Nunca. Si te dan tenedor y cuchillo con un burrito, probablemente no es un burrito tradicional mexicano. Es la versión tex-mex que se come como plato sentado.

La bebida tradicional para acompañar es horchata (bebida de arroz con canela), agua de jamaica, o simplemente agua natural. Nada de coca-cola o cervezas. Aunque, personalmente, una cerveza bien fría con un burrito de machaca no está nada mal.

Los errores que cometen hasta los restaurantes «auténticos»

Después de probar burritos en medio España, te puedo decir que hay errores que se repiten constantamente. Incluso en sitios que presumen de ser «auténtica cocina mexicana».

Error número uno: tortillas de supermercado. Esas tortillas blancas, gomosas, que saben a papel mojado. Una buena tortilla de harina debe hacerse fresca, tener un color ligeramente amarillento (por la manteca) y un aroma a trigo tostado. Si tu tortilla no tiene sabor propio, todo el burrito se va al garete.

Error número dos: rellenos fríos. Un burrito es un plato caliente. Si el guiso está tibio y los frijoles a temperatura ambiente, estás comiendo sobras recalentadas mal. El relleno debe estar humeante cuando se enrolla en la tortilla. El calor es lo que hace que los sabores se integren.

Error número tres: demasiados ingredientes. Algunos restaurantes ponen arroz, frijoles, dos tipos de carne, tres salsas, queso, crema, lechuga y tomate. Eso no es un burrito, es un buffet envuelto en tortilla. Los sabores se cancelan entre sí.

Error número cuatro: salsas incorrectas. He visto burritos servidos con salsa de tomate estilo pasta italiana teñida de rojo con pimentón. O con mojo picón canario porque «también pica». Las salsas mexicanas tienen una base específica – tomatillo para las verdes, chiles secos para las rojas.

Error número cinco: presentación californiana vendida como mexicana tradicional. Esos burritos gigantes, cortados por la mitad, servidos en plato con nachos y guacamole al lado. Está bien como experiencia culinaria, pero no es tradicional mexicano.

¿Cómo identificar un restaurante que sí sabe hacer burritos mexicanos auténticos? Pregunta de dónde es la persona que cocina. Si es del norte de México (Chihuahua, Sonora, Baja California), tienes muchas posibilidades de que sea auténtico. Si los burritos son pequeños, con pocos ingredientes pero muy sabrosos, vas por buen camino.

Otro indicador: si el restaurante tiene horchata de arroz casera, probablemente respetan las tradiciones. La horchata en polvo instantánea es señal de que no se preocupan por la autenticidad.

Y mira el comal o plancha donde calientan las tortillas. Si están usando microondas o vapor para calentar las tortillas, huye. Las tortillas deben calentarse en superficie seca y caliente, no al vapor.

¿Dónde encontrar el burrito perfecto y cómo hacerlo en casa?

Para ser honesto contigo, encontrar un burrito mexicano auténtico en España es complicado. Pero no imposible.

En Madrid, hay algunos lugares en Lavapiés que sí respetan la tradición norteña mexicana. Busca los sitios pequeños, sin decoración excesiva de sombreros y cactus. Los lugares auténticos suelen ser discretos, con menús simples y precios razonables.

Barcelona tiene una comunidad mexicana más grande, especialmente en el barrio del Raval. Algunos locales están regentados por familias que sí conocen la diferencia entre un burrito de Chihuahua y un burrito californiano.

¿Las franquichas grandes? Olvídate. Están diseñadas para el gusto europeo medio, no para la autenticidad mexicana. No es que estén mal, pero es otra categoría de comida completamente diferente.

Pero la mejor opción es hacerlos en casa. Es más fácil de lo que crees.

Para las tortillas, puedes comprar harina de trigo especial para tortillas en tiendas mexicanas online. Si no la encuentras, harina de trigo normal sirve, aunque el resultado no será idéntico. La receta básica: 500g de harina, 150ml de agua caliente, 80g de manteca o aceite, una cucharadita de sal. Amasas, dejas reposar 30 minutos, haces bolitas y las extiendes finitas con rodillo.

Para el relleno, lo más fácil es carne deshebrada. Cueces un trozo de aguja o morcillo con cebolla, ajo y sal. Cuando esté tierna, la deshebras y la sofríes con cebolla picada, tomate rallado y chile jalapeño. Sazonas con sal, pimienta y comino.

Los frijoles refritos los haces con alubias pintas cocidas, las machacas con un tenedor y las sofríes con cebolla y un diente de ajo. Deben quedar cremosos pero no líquidos.

Para la salsa verde, necesitas tomatillos verdes (los venden congelados en tiendas mexicanas), chile serrano, cebolla, ajo y cilantro. Lo hierves todo, lo licuas y lo sazonas con sal.

El montaje es simple: tortilla caliente, una cucharada de frijoles refritos extendidos, el guiso de carne, un poco de salsa, y enrollas según la técnica que te expliqué antes.

¿El resultado? Un burrito que ningún restaurante español te va a servir. Pequeño, intenso de sabor, auténtico. Y la satisfacción de saber que lo estás comiendo como se debe.

Si te engancha la experiencia, puedes investigar las variantes regionales: burritos de machaca sonorense, burritos de chile colorado de Nuevo León, o los famosos burritos de Villa Ahumada en Chihuahua.

La gastronomía mexicana es mucho más que los clichés que conocemos en Europa. Los burritos auténticos son solo una pequeña muestra de esa riqueza culinaria. Y una vez que pruebas la versión original, cuesta volver a los gigantes tex-mex. Aunque, ojo, cada uno en su momento puede estar perfectamente rico.

¿Te animas a probar la experiencia completa? En El Mexicano puedes encontrar algunos ingredientes auténticos para hacer tus propios experimentos caseros. Y si prefieres que te lo traigan hecho, puedes hacer tu pedido aquí y juzgar por ti mismo si respetan la tradición norteña mexicana.

Al final, lo importante no es ser purista extremo, sino entender de dónde vienen las cosas que comemos. Y disfrutar cada bocado, sea auténtico o fusion. Pero ahora ya sabes la diferencia. Y eso, créeme, cambia mucho la experiencia.

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